Medio ambiente y sustentabilidad

Criaturas fantásticas

Sin los insectos, el nuestro sería un planeta muerto. La microfauna que conforman es la más abundante y con la que más interacción tenemos a diario, aun sin darnos cuenta. Conquistaron nuestro planeta antes que ninguna otra especie. Desarrollaron sus alas hace unos 90 millones de años adelantándose a cualquier otro organismo y se estima que por cada ser humano viven 2 mil millones de insectos.

Por Redacción Sala de Prensa Ambiental • 08/05/2022 00:05 • Tiempo estimado de lectura: 14 minutos

¡Pero qué bichos molestos!… Seguro que te picó un bicho… ¡Ay qué asco, ese tronco está lleno de bichos!

Sin los insectos, el nuestro sería un planeta muerto. La microfauna que conforman es la más abundante y con la que más interacción tenemos a diario, aun sin darnos cuenta.

Conquistaron nuestro planeta antes que ninguna otra especie. Desarrollaron sus alas hace unos 90 millones de años adelantándose a cualquier otro organismo y se estima que por cada ser humano viven 2 mil millones de insectos.

Estos, han sobrevivido a tres extinciones masivas, cambios climáticos, unión de continentes; a todos estos grandes acontecimientos en el planeta.

Encendemos las pantallas y los vemos caricaturizados en filmes de ciencia ficción representando a seres extraterrestres. Apagamos la pantalla y los grillos hacen su aparición transformándose en la orquesta típica de las noches hogareñas.

Por las mañanas las mariposas revolotean en nuestros patios, más aún cuando en el campo se levantan los cultivos y comienzan a desplazarse en cantidades hacia las ciudades formando esas nubes blancas de graciosos aleteos.

Las características del cuerpo de los insectos, su versatilidad y formas hacen que muchos profesionales estudien sus cualidades para imitarlos aplicándolos como modelos industriales.

“El número de insectos que hay en el planeta es un 10 seguido de 18 ceros (10.000.000.000.000.000.000), es decir una cifra que casi no se puede imaginar”

También, existen abejas y avispas que son entrenadas para detectar olores de explosivos como lo hacen los perros; pero además, algunas especies pueden revelar la presencia de células cancerosas en personas. Como si resultara poco, desde hace años, se estudian los increíbles insectos barrenadores de troncos que ponen huevos en madera caliente, por lo que tienen la extraordinaria capacidad de detectar incendios a más de 20 km de distancia.

Sin bichos, el nuestro sería un planeta muerto

La Dra. Adriana Salvo forma parte del Centro de Investigaciones Entomológicas del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal-CONICET y en diálogo con Sala de Prensa Ambiental indica que “los insectos tienen un cuerpo muy versátil que les permite adaptarse a distintos hábitats cumpliendo diferentes funciones: tuvieron alas 90 millones de años antes que ningún otro organismo sobre La Tierra y conquistaron la superficie terrestre adelantados a cualquier especie”.

Relacionado con la importancia de la entomofauna, Adriana Salvo da cuenta que “el número de individuos que hay en el planeta es un 10 seguido de 18 ceros (10.000.000.000.000.000.000), es decir una cifra que casi no se puede imaginar”. El cálculo indica que por cada ser humano hay 2 mil millones de insectos. “A pesar del pequeño tamaño de cada individuo, en conjunto son muy pesados y se calcula que por cada kilo de humano se cuentan unos 300 kilos de insectos”, añade la experta.

La bióloga Salvo señala que “en Córdoba, en una única especie de árbol autóctono podríamos encontrar unas 200 especies de insectos. Hicimos estudios en el bosque serrano donde observamos a los minadores -un grupo de insectos herbívoros que se alimentan del tejido de las hojas- y encontramos más de 100 especies de ese tipo. Entonces, no es descabellado pensar que puedan haber 200 o más sobre una única especie de árbol nativo: molle, tala o garabato”.

Conquistadores pero serviciales

Los insectos son importantes no solo por el número de especies o por la cantidad de individuos existentes, sino también por las funciones que desempeñan: están en todos los ambientes del planeta, ocupan sitios de aguas termales con temperaturas mayores a los 50° y, a la vez, están presentes en la helada Antártida con vientos superiores a los 150 km por hora.

Son capaces de ocupar desiertos sin agua con más de 60° de temperatura y, en alta mar, se adentran a más de 2500 kilómetros de la costa. También, han conquistado aguas con concentraciones de sal muchas veces superiores a las del propio mar. Incluso en lugares donde hay petróleo crudo, ahí están los insectos.

Al respecto la bióloga Salvo, que también trabaja en la UNC como titular de la cátedra de Entomología de la F.C.E.F.yN. da cuenta que “los insectos han conquistado todos los ambientes pero también cumplen importantes servicios ecosistémicos”.

Un ejemplo claro de la importancia ecosistémica que tienen los insectos en el reciclado de nutrientes se dio en Australia cuando introdujeron ganado vacuno por primera vez: al no tener la fauna de escarabajos estercoleros que degradaran el excremento de las vacas, las excretas se empezaron a acumular y a afectar las tierras que servían para pastoreo. ¿Qué hubo que hacer? Importar escarabajos estercoleros para que se ocuparan de esos desechos. Un ejemplo mínimo que resume la importancia que tienen los insectos en el ecosistema planetario.

“Además del reciclado de nutrientes, los insectos también se ocupan del control de plagas”, indica la especialista y añade que “hay un batallón de especies que se alimentan de otras disminuyendo sus poblaciones. De esta manera, las que resultan perjudiciales -desde el punto de vista humano- se mantienen en niveles bajos. En un campo cultivado, por ejemplo, donde no existe ese equilibrio ecológico tenemos que importar enemigos para bajar la cantidad de esos grupos dañinos. Pero en un ambiente saludable eso se hace naturalmente”, explica la experta en Entomología.

Otro servicio ecosistémico clave es la polinización, por ser el sustento de la vida humana en el planeta. “Bastaría imaginar cómo sería una verdulería si no existieran los polinizadores: nos tendríamos que olvidar de las manzanas, de los duraznos, de los zapallos, de las peras, de las sandías y hasta del chocolate. Cosas que nos parecen que están siempre a nuestro alcance desaparecerían sin esta intervención que hacen los bichos para polinizar a las plantas”, explica la entomóloga de la UNC.

Bosque de insectos

En Córdoba, desde hace años se habla sobre la crítica situación del bosque nativo. De lo que no se habla es de la relación que tiene la entomo-fauna con el sostenimiento del ecosistema: “Todas las funciones que cumplen los insectos hacen que los bosques nativos puedan seguir como tales. Entre ellas agrego la herbivoría: existen muchos insectos herbívoros que nos harían pensar que son perjudiciales porque se alimentan de los cultivos pero no es así. A pesar que parece un dis-servicio para el hombre, en realidad son fundamentales para mantener la diversidad vegetal de los bosques autóctonos porque sabemos que estos tienen que ser diversos y ellos hacen que sea posible”, expone la entomóloga.

Salvo agrega que “por otro lado, los enemigos naturales -hablando de control de plagas- permiten que los herbívoros no se pasen de la raya y además otros insectos facilitan la descomposición. ¿Un animal muerto o un tronco en el suelo como se transforma en nutrientes para las plantas? Básicamente, son los principales organismos descomponedores. Entonces, mantener su diversidad en un bosque es fundamental para la subsistencia del mismo. Sin insectos, definitivamente no habría bosques, ni hablar de la polinización para que la vegetación pueda seguir dándonos semillas y prosperar en los ambientes naturales”.

Ya sabemos que un bosque no podría sobrevivir sin la actividad insectívora. Pero resulta que en los ambientes productivos su presencia también es determinante: “Hemos hecho estudios con flores de soja para ver si los insectos tenían alguna relación con la productividad y de hecho, a pesar de que esta planta se poliniza a sí misma, la presencia de estos en las flores aumenta la productividad; lo hemos visto mediante experimentos evitando que los polinizadores lleguen a la flor y aquellas que no recibían la visita polinizadora producían vainas más pequeñas, de menor peso y número de semillas. Comprobamos que el rendimiento de un cultivo -llevando el tema a la economía- aumenta gracias a la presencia de los insectos. Así que no solo el bosque se beneficia sino que los cultivos también”, explica la bióloga Salvo.

Un tiro al pie

Resulta entonces que las buenas prácticas agropecuarias premiadas por algunos gobiernos en realidad no lo son: los productores de soja, por ejemplo, que utilizan agrotóxicos o elementos químicos para arrasar con todo lo que tenga vida en sus cultivos se están disparando en el pie. “Exactamente, sucede que no hay estudios suficientes para traducir en dinero cuánto están perdiendo al disminuir las áreas de bosques”, señala la experta de la UNC y completa diciendo: “no lo van a percibir hasta que sea demasiado grave -como lo que está sucediendo con los polinizadores y su importancia- debido a que algunos empresarios rurales no logran alcanzar la producción que tenían años atrás. Entonces, ya no pueden arrojar más fertilizantes, ni aplicar más herbicidas: ahora necesitan a los insectos para que polinicen las plantas para conservar -ni siquiera aumentar- la producción que tenían. Ese tiro en el pie es muy cierto y creo que les va a llegar la información demasiado tarde”, advierte la bióloga Salvo.

Un estudio realizado en 2006, sirve para valorar a los insectos poniéndole un precio a cada uno de los servicios que prestan cada año en Estados Unidos: 3.000 millones de dólares por la polinización, 4.490 millones por control de plagas y 380 millones por el reciclado de nutrientes.

Insectos: una amenaza para la industria química

“Los productos químicos que se aplican en los campos de soja, por ejemplo, son muy exitosos en el volteo -explica Adriana Salvo- y cuando un productor aplica un insecticida ve que las orugas que comen sus cultivos caen muertas instantáneamente y por eso, aplica no solo la dosis que indica el prospecto sino que redobla la cantidad y es ahí donde se presentan los problemas, no solo ambientales o de salud humana, sino que también genera resistencia a los agroquímicos en el organismo de los insectos”, sostiene la entomóloga de la UNC.

De 1 millón de especies de insectos, tan solo mil son consideradas plagas agrícolas, porque tienen un nivel poblacional considerado dañino para la actividad agrícola. De esos mil, solo cien son plagas importantes que causan daños severos en los cultivos. Es decir que apenas el 0, 01 % de las especies entomológicas pueden considerarse como dañinas para la actividad agrícola.

La minúscula fauna entomológica

También, un gran porcentaje de las aves -aproximadamente el 70%- depende de los insectos. Hay que pensar que alimentan a los pichones con ellos porque son una buena fuente de proteínas. Entonces, ¿hasta qué punto disminuirían en número y supervivencia las aves si la población de insectos disminuyera? Este interrogante lo vienen planteando expertos y expertas, como la Dra. Salvo: “En muchos casos, la disminución de la biodiversidad y la abundancia de las aves está estrechamente ligada a las poblaciones de insectos que, de hecho, están disminuyendo de forma preocupante: casi un 75% menos de diversidad en los últimos 20 años. Podríamos decir que estamos entrando en una especie de apocalipsis entomológico”, indica la especialista en entomología.

“Las poblaciónes de insectos están disminuyendo de forma muy preocupante y no solamente por la aplicación de insecticidas o prácticas culturales agresivas en superficies cultivadas, sino que los estudios que arrojan estos resultados corresponden a zonas de reservas naturales. Es lo que está pasando en todo el planeta, no solo en ambientes de cultivo” remarca Salvo.

Respecto de la delicada situación de las poblaciones de insectos, la especialista indica que “a pesar de todo, creo que van a sobrellevar lo que esté por venir pero, sin dudas, el número de especies está disminuyendo y muchas van a desaparecer antes que las conozcamos. Al ser tan diversas, sobre todo en países como el nuestro en dónde hay pocos investigadores que se dedican a describir nuevas especies, muchas de ellas van a extinguirse antes de tener un nombre siquiera, o de que sepamos que función cumplen en los ecosistemas”.

Políticas insecticidas

Entre los planes de manejo y conservación que se delinean en las áreas gubernamentales es de esperar que la conservación de la fauna entomológica  ni siquiera esté conjeturada. “No existen políticas al respecto, y si las hay son muy tibias o nos tocan de refilón”, indica Salvo y agrega que “podría citar el caso de los techos verdes en la ciudad de Córdoba: un grupo de investigadores -al cual pertenezco- colocamos techos vivos experimentales en los que nos fijamos qué insectos acudían y también las diferencias que se establecían con plantas nativas y exóticas».

«La capital cordobesa, explica Salvo, desde hace unos años cuenta con una Ordenanza que indica que todos los edificios que se construyen deben tener techos verdes; no lo hacen por supuesto para conservar la entomofauna, pero le toca de refilón porque esta es una práctica que ayuda a la conservación de insectos ya que muchos necesitan néctar para poder moverse, sobrevivir y cumplir sus funciones. La ciudad de Córdoba tiene muy pocas áreas naturales y los techos verdes aumentarían la posibilidad de tener vegetación para obtener su alimento”.

¡Qué bicho te comiste!

En algunos países asiáticos hay una cultura de consumo de insectos y desde hace tiempo se habla del alimento del futuro desperdiciado en el presente. Al respecto, la entomóloga de la UNC opina que “es lógico si pensamos que la ganadería mundial que incluye todo tipo de ganado (vacuno, porcino, caprino y ovino) es 10 veces menor a la biomasa de insectos. Eso nos hace pensar que son un recurso que tenemos que utilizar para alimentarnos y de hecho, hay muchos países que consumen más de 500 especies”.

La experta precisa: “Un plato con 100 gramos de larvas secas de mariposas tiene 53 gramos de proteínas, 17 de carbohidratos y 15 de lípidos que equivalen, aproximadamente, a 400 kilocalorías. Esto es similar a un sándwich que contiene dos hamburguesas de carne. Realmente es un alimento que puede aprovecharse porque la cría de insectos es más eficiente que la del ganado en cuanto a que consume casi 1000 veces menos cantidad de agua, por ejemplo. Pero a nosotros nos desagrada la idea de masticar un insecto; el solo hecho de comerlos nos da repulsión porque hay barreras culturales que deberíamos superar para aprovechar estos recursos”.

En este punto, Adriana Salvo hace una observación importante: “Claro que estos insectos deberían ser de criaderos libres de insecticidas porque no es cuestión de salir a buscar cualquier bicho para comer porque la mayoría está intoxicado con nuestros venenos. Ellos son capaces de desintoxicarse de lo insecticidas acumulándolos en los tejidos grasos, entonces nosotros al comerlos estaríamos alimentándonos con estas sustancias tóxicas”.

Dame un insecto y te diré si hay contaminación

En el ámbito científico, los insectos también son considerados como precisos indicadores de la salud de un ecosistema. “Donde más se los estudia es en ríos y arroyos porque son la fauna predominante, entonces con un muestreo sencillo podemos saber qué grado de contaminación hay”, señala la experta y agrega que “en Córdoba se han hecho estudios para saber cómo se correspondía la fauna de los ríos con el grado de contaminación física y química de los cursos de agua. Vimos claramente que antes y después de pasar por ciudades como Valle Hermoso y Huerta Grande -que están antes y después de La Falda- el río estaba contaminado y su entomofauna lo demostraba claramente».

Lo mismo pasa en Chacra de la Merced -en la zona de la planta depuradora de líquidos cloacales de Bajo Grande- cuando recibe todos los efluentes de la ciudad: una Planta que no funciona al 100% y el río se transforma en una cloaca, entonces encontramos ciertas especies de dípteros (moscas) que son propias de las alcantarillas, por lo que los insectos son excelentes indicadores biológicos de contaminación hídrica”, asevera la científica.

El universo silencioso de los insectos, su abundancia y diversidad; sus colores y formas colonizaron cada rincón de nuestro mundo hace millones de años. Esta microfauna asegura la supervivencia de la vida en el planeta, y también la nuestra. Mayúscula tarea de minúsculos seres en La Tierra.

Nota: Por Daniel Díaz Romero. Sala de Prensa Ambiental.