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Conferencia Internacional sobre Venezuela: ¿Hacia un cambio de paradigma?

El Presidente de Colombia Gustavo Petro inauguró la “Conferencia Internacional sobre Venezuela” de la cual participaron más de 20 naciones. El principal objetivo es poder retomar el diálogo entre el chavismo y la oposición de cara a las elecciones presidenciales de 2024 en un posible escenario de quita progresiva de las sanciones económicas . ¿Será posible un acuerdo? ¿La última?

Por Redacción El Resaltador • 02/05/2023 09:11 • Tiempo estimado de lectura: 7 minutos

El Presidente de Colombia, Gustavo Petro, fue el principal gestor de un hecho político al que muchos de los países invitados calificaron de urgente y necesario. 

Luego de arribar de su primer viaje a los Estados Unidos donde conversó junto a Joe Biden sobre la crisis mundial y las sanciones norteamericanas que pesan sobre las economías venezolana, cubana y nicaragüense, Petro aseguró en la vuelta a su país que el diálogo debe primar sobre cualquier tipo de prohibicionismo sancionatorio. 

No fue el primer mandatario en abordar estas problemáticas de las que hasta no hace mucho tiempo los representantes de los países latinoamericanos concebían como una especie de tabú. 

Lula Da Silva, Presidente del país más importante de Latinoamérica, le pidió a Biden (hace menos de un mes) una postura no tan cerrada con respecto a la presión e influencia yanqui en estos tres países criminalizados por EE.UU.

La nueva ola de gobiernos de coaliciones de centro derecha-centro e izquierda donde -en principio- prima una conducción “progresista” (como sucede en Colombia, Brasil, Chile, Argentina y Bolivia) precipitó la caída del Grupo de Lima y de personajes políticos como Juan Guaidó, quienes constantemente pusieron en peligro la estabilidad democrática en Venezuela, alentando incluso golpes de estado contra Maduro.

Estados Unidos no desconoce estas desventajas geopolíticas y, por el momento, apuesta a mostrar un principio de acuerdo en lo simbólico y discursivo con respecto a la primacía del diálogo con diversos actores fundamentales de la región. Todo esto sin quitar ninguna sanción económica sobre las economías y sistemas políticos socialistas perseguidos. 

Ante la crisis financiera, climática, social y política a nivel mundial que encuentra al gigante del Norte en una posición desfavorable en lo que respecta a su control sobre la hegemonía del orden mundial unipolar que padece los efectos del crecimiento exponencial de bloques no alienados como las BRICS y la avanzada cada vez más concreta de los intereses rusos y chinos en distintos continentes, EE.UU se ve casi obligado a negociar con los nuevos -pero conocidos- vecinos de lo que consideran su “patio trasero”.

Además, el actual contexto de enfrentamiento semidirecto entre los imperios anteriormente nombrados, genera el aceleramiento de procesos extractivos sobre bienes comunes naturales finitos como el litio, el agua, las tierras raras, los alimentos y combustibles, todos con grandes reservas en nuestra región. 

En este escenario, el gobierno de Biden necesita fortalecer el lugar que le arrebató a Rusia en su rol de máximo proveedor de gas, petróleo y energías a la Unión Europea- Es aquí donde Venezuela vuelve a convertirse en un territorio codiciado por sus grandes provisiones de petróleo. 

Atentos a lo anterior, y ante el fracaso calamitoso de su política injerencista sobre los asuntos internos del Palacio de Miraflores, que en su momento incluyó hasta un intento de magnicidio contra Nicolás Maduro, la necesidad de acercar posiciones le resulta imperante a Estados Unidos, así sea con un diálogo forzado.

El Gobierno venezolano, en cambio, desde hace años mantiene una postura crítica de la política imperialista norteamericana que sin embargo nunca se exhibió contraria a instancias de diálogo con el vecino del Norte. El propio Maduro celebró la reciente autorización yanqui sobre la reanudación de las actividades petroleras de Chevron en su país.

Si bien los sectores que competirán en las elecciones presidenciales de 2024 no participaron directamente de esta Conferencia de debate y consenso sobre los posibles acuerdos a lograr en materia de legitimidad internacional del debido proceso electoral, ambos dieron sus vistos buenos para la realización del evento.

¿Hacia un cambio de paradigma?

Durante el año 2021 se lograron acuerdos básicos entre oficialistas y opositores en México ante la tutela de la comunidad internacional, pero se rompieron después de la detención del diplomático venezolano Alex Saab, quien actualmente se encuentra enjuiciado y detenido arbitrariamente por la administración de Biden.

Vale la pena destacar que esta vez es Petro y por ende Colombia el contexto elegido para avanzar en los acuerdos que parecían haberse truncado para fines del 2021.

Maduro y Petro se reunieron en cuatro oportunidades durante estos últimos meses generando que sus países regresen a ser fieles aliados en lo que respecta a los incipientes acuerdos logrados en materia de comercio y seguridad. Nunca está demás recordar que la anterior administración colombiana, a cargo de Iván Duque, convirtió a la frontera entre ambos países en un territorio legal para el intervencionismo paramilitar en contra del país vinotinto.

Por otro lado, la Unión Europea también se mostró interasada en los posibles avances del diálogo entre los sectores opositores -ya no representados por Guaidó- y el Gobierno chavista. Participaron de este encuentro países como México, Brasil, Bolivia, Argentina, Turquía, Alemania, España, Francia, Italia, Noruega, Portugal y el alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell. 

En principio, se acordaron reglas básicas para intentar garantizar un justo proceso electoral que iría de la mano con una progresiva quita de las sanciones norteamericanas sobre la economía y activos de Venezuela.

«La historia de América Latina está en manos de nuestros pueblos. Lo que acontece en Venezuela, en Colombia, en el Perú, donde indígenas van cayendo en las calles, muertos y asesinados, puede marcar un camino que va hacia la guerra o podemos reconstruir el camino de la paz y la democracia y profundizarlo», dijo Petro al abrir el encuentro, celebrado en el Palacio San Carlos de Bogotá, sede del Ministerio de Exterior.

Esta frase inicial desnuda las intenciones de Petro de proyectar un proceso político latinoamericanista donde la paz en la región sea un camino posible. Y la estabilidad de Venezuela resulta significativa en el actual estado de situación en Abya Yala.

Además, el gobierno venezolano tiene la necesidad de poder avanzar en su legitimidad internacional con los países alineados al mundo occidental. Está claro que no es una cuestión de pura convicción sino más bien de estrategia y ya no de supervivencia como años atrás. Sobre su proyección para ganar las elecciones del año que viene influye su capacidad política de generar acuerdos que puedan -al menos intenten- lograr la retirada de las sanciones que condicionan su crecimiento económico y al mismo tiempo poder limpiar su imagen dañada por el constante señalamiento por su carácter socialsita.

Las delegaciones latinoamericanas que participaron, tales como la de Argentina, Bolivia, Brasil, Honduras, San Vicente y las granadinas, Barbados y México, así como las europeas anteriormente nombradas, finalizaron la Conferencia con el compromiso asumido de seguir avanzando en los ejes propuestos.

La suerte de Venezuela no está solo signada por los intereses extranjeros, sino por la fuerza, organización y lealtad de su pueblo a la continua construcción de un sistema político democrático de carácter socialista y latinoamericanista único en el mundo. 

Sin dudas la situación social y política del país mejoró notablemente en el último tiempo a la vez que su significante dejó de estar pegado a un sentido de desprestigio y humillación. Los nuevos aires que corren en la región, el actual contexto internacional y la crisis global, colaboran con un cambio de paradigma en lo que representa Venezuela para el mundo.

FUENTE: El Resaltador. Por Rodrigo Andrada Savoretti.