Derechos Humanos

Reconstruir la Memoria Trans silenciada

El Archivo de la Memoria Trans, estrenó una serie en el Canal Encuentro y recuperó 25 mil documentos y fotos.

En el Archivo de la Memoria Trans (AMT) se visibilizan y narran en primera persona las infancias y celebraciones, los exilios, los cuerpos y las vidas cotidianas.

El AMT ya tiene 10 mil imágenes digitalizadas -fotos que van de 1936 a 1999- y un recorrido expositivo que incluye al Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, a la Tate Modern, al Museo Reina Sofía y cientos de espacios barriales donde fue colectando buena parte de su material.

Una foto icónica es la de Malva Solís, escritora travesti que murió a los 92 años en un país donde la expectativa de vida de esa comunidad no superaba los 40 años.

Actualmente, también se puede ver una serie documental estrenada hace unos días en Canal Encuentro. El primer testimonio es el de María Belén Correa, quien fundó el archivo luego de la muerte de Claudia Pía Baudracco, amiga y activista que soñó ese archivo con cada foto robaba, cada pasaporte, cada carta, cada DNI ganado a la destrucción de quienes las negaban cuando morían.

«Los 80 eran la expectativa de morir joven y hermosa. Los velorios eran faraónicos -cuenta en el documental Correa-. Cuando una compañera moría lo primero que hacía la familia era destruir las fotos porque eran el testimonio de la oveja negra. Entonces alguna compañera podía salvarte un bolso y las fotos. Pía fue la que tuvo la visión: ponerse una caja y empezar a robar fotos. Entonces terminabas en la caja de ella, quisieras o no».

En 2021 las trans mayores de 50 años son menos de 450 en todo el país. Por esto, «el Archivo de la Memoria Trans exige que el Estado reconozca el genocidio». Con esta leyenda cierra cada episodio de la serie.

En diálogo con Télam, Correa habló sobre el archivo y cómo fueron los primeros pasos de su construcción.

¿Cómo se organizó el Archivo de la Memoria Trans? Trabajan 16 personas, escaneando y catalogando las imágenes. Las secciones que le dan forma son 12: infancia, carnavales, exilio, vida cotidiana, fiestas, show, activismo, mi cuerpo, cartas y documentos, retratos profesionales.

«Se fue adaptando a las fotografías que íbamos teniendo, se iba armando solo en sus categorías y constantemente abríamos secciones nuevas al encontrar fotos que no entraban en una categoría estipulada», cuenta Correa, quien afianzó su activismo, probablemente, en su cumpleaños número 20, cuando faltaron dos amigas detenidas por la policía, y las empujaron a ella, a Pía y a otras invitadas a fundar la Asociación de Travestis de Argentina que presidió entre 1995 y 2001 y que luego sumaría las T de Transexuales y Transgéneros.

La expansión de este archivo fue un boca a boca constante e incansable. El material llega hasta el año 2000, cuando la foto analógica empieza a mermar, pero la idea es que se extienda hasta el presente, que se siga alimentando.

Y si bien el AMT llegó a lugares como la Tate de Londres y al Museo Evita, esa expansión no siempre generó mejores condiciones para la visibilización. «Muchas veces hemos sido mejor tratadas en lugares pequeños que en sitios de mucho renombre, donde nadie nos conoce y sólo va a observarnos», dice Correa.

La importancia de esos espacios chicos, barriales, se sustenta en hechos: fue Karina Sama quien en una charla de 25 personas les contó que tenía esa foto inicial de 1936 de Malva Solís. Y «fue en una muestra muy pequeña que hicimos en un centro cultural artístico de Vicente López que conocimos al primer hombre trans que se acercó al archivo y que al día de hoy sigue trabajando como parte activa».

Esa persona es Luciano Goldín, recuerda Correa, quien «se enganchó diciendo ‘yo puedo hacer videos y colaboro con lo que necesiten’. Entró haciendo la edición de los cuentos de las chicas para Youtube, a los que les daba vida con la fotografía y con la edición, y hoy está haciendo la parte de Trans Masculinidades dentro del AMT».

¿Cuál es la importancia del Archivo de la Memoria Trans? «Ocupar un lugar en la historia con voz propia, una historia que fue mal contada o que estaba invisibilizada -resume-. Sabíamos que nuestros archivos estaban dentro de la psiquiatría y de lo policial, por eso empezamos a armar el propio».

«Por qué estábamos en esos archivos es algo que nunca me voy plantear -continúa-. Se lo tiene que plantear la sociedad. La sociedad tiene que preguntarse qué le ha pasado que, siendo testigo, nunca hizo nada».

«Porque nuestra democracia llegó en 2012 con la Ley de Identidad de Género -asevera-. Y eso significa que toda la sociedad fue un cómplice silencioso hasta 2011: para que existieran las matanzas de Panamericana en los 80 y las publicaran riéndose, para que existiera la prensa amarillista de los 90, o para que en 2000 existieran cárceles para travestis».

Nadie en sus familias se pone a analizarse como si fuera psiquiatra, nadie mira fotos familiares de ese lugar, ni se mira desde ahí cuando visita a su abuela, a su madre o a sus hermanas. Y nosotras tampoco nos hacemos esas preguntas entre nosotras, porque somos familia», concluye.

Fuente: Télam